Reforzar nuestra cadena de suministro energético
La guerra expuso importantes fallas estructurales en la cadena de suministro energético mundial: un sistema complejo e interconectado que equilibra la redundancia y la eficiencia. El hecho de que Irán pudiera cortar tan fácilmente el acceso del mundo a una quinta parte del petróleo global con algunas minas, drones improvisados y lanchas rápidas exigirá una seria reflexión —y cambios permanentes—.
El resultado más probable es que Oriente Medio construya oleoductos y gasoductos que atraviesen Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos para evitar por completo el estrecho.
“Los países no son tontos: van a desarrollar oleoductos y aumentar masivamente la capacidad”, dijo Jay Hatfield, de Infrastructure Capital Advisors. “Nadie volverá a apostar todo su futuro al estrecho de Ormuz. Eso es algo enormemente positivo”.
Sin embargo, el mundo podría experimentar algunos cambios fundamentales y necesarios como resultado de la destrucción de la guerra. Es casi seguro que reforzará y diversificará su cadena de suministro energético como consecuencia, evitando que una vía fluvial de 23 millas de ancho se convierta en un cuello de botella para la economía mundial y permitiendo que Irán cierre el mercado mundial del petróleo. Y cuanto más caiga la economía, mayor será el incentivo para realizar esos cambios necesarios.
La OPEP también podría ser más pequeña o desmantelada, lo que potencialmente reduciría los precios del petróleo y el gas. La cadena de suministro energético podría ser más robusta, con oleoductos que eviten por completo el estrecho de Ormuz. Y el mundo podría acelerar su transición hacia fuentes de energía renovable, reduciendo la dependencia mundial de los combustibles fósiles.
No está nada claro qué tipo de acuerdo —si es que se alcanza alguno— puede lograrse para poner fin a la guerra. Es posible que Irán no se debilite tanto como esperan Estados Unidos o Israel. Podría seguir financiando el terrorismo y amenazando las vidas y los medios de vida de sus enemigos.
Sin embargo, economistas y expertos militares coinciden en que podría surgir algo bueno a largo plazo de esta guerra profundamente impopular.







